Al poco de empezar este blog, dije que hablaría de lo que me diese la gana. Y acabé dándole a los cartones en todas las entradas prácticamente. Hoy quiero hacer una reseña de una serie que ando viendo. No es una maravilla, pero hace pensar, lo cual está bastante bien.
La serie en cuestión traducida es "No pude ser un héroe, por lo que decidí encontrar un trabajo".
La premisa de la serie es sencilla a la vez que interesante, aunque su desarrollo inicial no es el esperado visto lo visto (o quizás sí, depende del punto de vista).
En el mundo de esta serie de animación japonesa (a.k.a. anime), nos encontramos el típico escenario de fantasía donde todos los héroes luchan para derrotar a un mal superior (en este caso es el rey demonio). Hasta aquí, todo normal. Es lo típico en los videojuegos y en las series más generalistas (incluso en la literatura "basura" de fantasía actual que podemos ver en cualquier librería más o menos generalista).
Ahora bien, y es aquí donde empieza lo interesante de la serie, y que fue lo que me hizo captar la atención en ella. Empieza la serie y el rey demonio es derrotado. Así, tal cual.
El gobierno humano retira los programas de héroes para derrotar al rey demonio. Una parte de la economía humana, substanciada en los héroes que van a matar al enemigo cae en desuso. Es decir, todo un mercado que se va a tomar por saco, quiebra de muchos negocios y empresas. Y un montón de personas que, por supuesto, trabajaban de esto de los héroes, se ven abocados al paro. Más o menos lo que ocurre en las crisis de un sector, o cuando una burbuja se va al carajo (que dirían en zonas más tropicales de habla española).
Bien, hasta aquí la cosa pinta muy bien. Por supuesto, al ser un mundo de fantasía, y teniendo en cuenta la existencia de la magia, aparece un tercer elemento: Utilizar la magia como energía para otros procesos que no son la guerra. De forma doméstica. Tal y como ocurre en la realidad.